miércoles, 21 de febrero de 2018

La constante de Nínive






En 1875 un arqueólogo británico, traduciendo unas tablillas de barro de la biblioteca de Asurbanipal, encontró una tablilla con una cifra impresionante: 195,955’200,000,000, es decir, cerca de 200 billones. Numerosos especialistas intentaron en vano descubrir que podía significar esa cifra para los asirios de hace tres mil años. En 1963, el francés Chatelain descubrió que esa cifra equivalía a 70 multiplicado 7 veces por 60 (los asirios tenían un cálculo sexagesimal basado en los múltiplos de 60). Los asirios habían dividido el día solar en 86,400 partes; es decir, en 24 horas de 60’ de 60”.
Dedujo que el número grande debería ser un período de tiempo calculado en segundos. Llegó a la conclusión de que ese tiempo era de 2,268 millones de días de 86,400 segundos (más de 6,000,000 de años).
Los asirios conocían el fenómeno de la precesión de los equinoccios, que hace girar el eje de rotación de la Tierra alrededor del polo de la eclíptica en 9,450,000 días, es decir, 26,000 años aproximadamente. Descubrió este hombre que 2,268,000,000 de días representan exactamente 240 ciclos de precesión de equinoccios de 9,450,000 días cada uno.
Chatelain no encontró un solo período de revolución o de conjunción de planeta, cometa o satélite que no sea una fracción exacta con lo menos cuatro decimales de lo que él llamó la constante de Nínive: 2,268,000,000 de días.
Existe, sin embargo, un caso, el del año trópico, en el que se encuentra una diferencia de una unidad en el sexto decimal, es decir, una millonésima de día por año; diferencia que nos facilita un medio para determinar la fecha exacta en que la constante de Nínive fue calculada.
El año trópico tiene una duración de 365.2422 días solares. Si se divide la constante de Nínive por 365.2422 se obtiene un número de 6,209,578 años trópicos. Si se llega en la precisión algo más lejos, se advierte que los astrónomos emplean la cifra de 365.242199, y si se divide la constante por 6,209,578 se obtiene un año trópico de 365.242211 días; o sea, una diferencia ahora de 12 millonésimas de día por año o bien 1.068 segundos por año.
Pero los astrónomos saben que el año trópico se hace cada vez más corto disminuyendo una media de 0.000016 segundos por año. Si dividimos 1.0368 por la tasa de disminución de 0.000016 nos dará la fecha exacta en que fue calculada: hace 64,800 años.


martes, 13 de febrero de 2018

El ciclo de 60 años por Demetrio Santos

EL CICLO DE 60 AÑOS

Por Demetrio Santos


                 
2- Utilizamos el ciclo de 60 años por ser el de resonancia en el hombre, y el que comprende en sí mismo el mayor número de armónicos planetarios, y con valor más sencillo, del sistema solar, por lo que ha de influir primordialmente en la especie humana.


Algunos autores piensan que la astrología no puede diferenciar en el horóscopo si la crisis es física –enfermedad- o moral: ello se debe a ignorar el efecto de resonancia, que es el que nos indica el plano al que afecta el acontecimiento. Cualquier ciclo empleado da resultados cualitativos (día=año, Signo=año, etc.) pero solamente el de resonancia puede darlos cuantitativos.


El efecto de los planetas y sus períodos sobre el ser vivo es de resonancia con el período vital de éste. Por ello, el C-60 se aplica al hombre, pero no al animal cuya vida dura T= 2 años, por ejemplo, aplicándose a éste en cambio uno próximo a este período de 2 años de vida, por ejemplo, el Sol-Luna. Se observa así que los animales pequeños, las plantas, los seres marinos, responden principalmente al ciclo de la Luna y al del Sol, dependiendo estrechamente de su influencia. En un ser primitivo, los influjos de la Luna y el Sol, o los de planetas de corto período son decisivos: para el gato o el perro, que viven unos 7 o 10 años, habrá que decidir qué ciclo es aplicable y de resonancia en ellos, de modo que sea el que los influya al máximo. Podría ser un armónico del C-60, por ejemplo, el de 7,5 años (=1/8 del C-60) si este armónico no se aleja demasiado del fundamental y pierde por ello eficacia; o bien podría ser el T=12 años de Júpiter, o el de Venus-Sol T= 8 años, en cuyo caso tales planetas serán importantes en la carta natal del animal.

martes, 6 de febrero de 2018

Los grados del zodíaco de Charubel



LOS GRADOS DEL ZODIACO DE CHARUBEL

EL SIMBOLISMO DE LOS GRADOS DEL ZODÍACO

Esta extraordinaria obra de John Thomas asombra a menudo por la precisión de sus símbolos. Fue obtenida por medio de sus muy desarrolladas facultades de videncia. Lo recomendable es usar la para investigar cada grado ocupado por astros o cúspides en nuestro tema natal. Cada símbolo aportará algo o mucho al conocimiento de nuestra personalidad o destino. Un talento excepcional como era el Prof. Don Carlos Reichelt usaba a menudo esta obra para orientarse en una pre-rectificación de un tema natal.

Usar correctamente los símbolos de John Thomas requiere una pequeña precaución. Como para cada signo zodiacal los grados van del 1ºal 30ºes necesario redondear para arriba los valores. Por ejemplo, si el Sol se halla en 26ºAries 30’ 25’’ deberemos leer el símbolo correspondiente al grado 27ºde Aries. Pero la experiencia aconseja leer también el símbolo correspondiente al grado 26ºo sea el anterior.

martes, 23 de enero de 2018

Las 112 reglas de Morín de Villefranche

Resultado de imagen de foto


Las 112 Reglas de Jean Baptiste Morín de Villefranche 

Teoría de las Determinaciones Astrológicas

Las 112 Reglas de Morín de Villefranche, reunidas y ampliadas son el legado de quien fuera el mejor astrólogo de occidente, empleado por eminentes y poderosas personalidades de su tiempo, como miembros de la realeza, Duques, Obispos, y entre ellos el Cardenal Richelieu. A pesar de haber sido escritas hace más de 400 años, están de plena actualidad.

viernes, 19 de enero de 2018

La clave de las fardarias

Periodos planetarios en la astrología tradicional

Uno de los sistemas predictivos más usados en la astrología árabe es el de las fardarias o firdarias. La palabra “fardaria” parece provenir del griego “periodos”. Sin embargo se trata de una técnica genuinamente persa, que no aparece en los tratados astrológicos de la época helénica.
Bien es cierto que los métodos basados en fases o periodos planetarios forman prácticamente el núcleo del instrumental predictivo tanto en la astrología helénica – especialmente en Vettius Valens – como en la astrología védica. Ambas son de hecho perfectamente compatibles en una serie de elementos básicos, hasta el punto de que podemos hablar de tradiciones hermanas y de origen común. En ambas tradiciones encontramos la idea de que diferentes periodos de vida del nativo son regidos por diferentes planetas, de tal manera que en esos periodos se manifestarán o madurarán tendencias y eventos conforme a su posición en la carta. Sin embargo, aunque el concepto en sí es común, la astrología hindú ha desarrollado técnicas distintas de las que encontramos en la astrología helénica. La más importante es el sistema de dasas (periodos) vimshottari.
En la astrología helénica encontramos un sistema llamado de los decenios, que describiré en seguida. Vettius Valens (siglo 1 d.C.) además de transmitirnos una variante de este sistema, describe en su Antología un número de técnicas basadas en la secuencia de los planetas o de las casas a partir de un determinado factor del horóscopo. La gran mayoría de estos sistemas predictivos se basa en la doctrina de los años planetarios, que nos servirá también para comprender las fardarias.
Las fardarias son un sistema procedente de la astrología persa cuya antigüedad desconocemos, pero que bien podría ser bastante más remota de lo que a primera vista parece. Aunque mantiene una serie de rasgos típicos de los sistemas de la astrología helénica, no deja de ostentar ciertas características susceptibles de una influencia hindú, como es la inclusión de los nodos lunares.
Personalmente la aplicación de las fardarias en la astrología natalicia nunca me ha convencido lo suficiente como para incluirlo en el repertorio de técnicas que aplico en mi práctica diaria – que por lo demás se orienta plenamente en los sistemas clásicos de la astrología helénica, en combinación con los vimshottari dasa. Sin embargo, el campo original de aplicación de las fardarias parece haber sido la astrología mundial, y no la genetlíaca. En la segunda parte de este artículo aportaré algunas conclusiones que avalan esta tesis. Por lo que observo merece la pena investigar esta antigua aplicación de las fardarias en la astrología mundial.
Como veremos en seguida, las fardarias se basan en un sistema de años planetarios que a primera vista carece de una explicación astronómica y de un sentido lógico. Con ocasión de mi intercambio con Carmen Ordoñez, que está escribiendo una excelente tesis sobre el libro sexto de Ali ben Ragel – autor que precisamente dedica un extenso capítulo a las fardarias -  me he planteado la pregunta sobre la estructura lógica subyacente a este sistema. Y creo haber dado con una serie de claves muy sugerentes, que expondré en este artículo.
Pero antes de adentrarnos en este sistema persa de periodos planetarios, no estará de más repasar brevemente la teoría helenística de los años planetarios.

martes, 9 de enero de 2018

La Astrología es un Arte


 


La Astrología es un arte, más que una ciencia o un sistema de creencias religiosas. Pero entonces, qué es el arte? El artista media entre las diferentes dimensiones de la vida. Las imágenes, sonidos, palabras y formas que el artista utiliza son lenguajes que pueden comunicar el significado de patrones de niveles de realidad, que de otra forma serían incomprensibles o incomunicables a la mente racional. Cuando somos afectados por el arte, es porque el trabajo nos habla en muchos niveles: intelectual, intuitivo, emocional, viceral. Los símbolos de astrología tocan las cuerdas en nosotros en diferentes niveles que nunca es posible agotar su misterio. Esa es la naturaleza de los símbolos y la astrología es un lenguaje simbólico.

Entonces el astrólogo puede, al ver el horóscopo de una persona, ver a Marte como un símbolo de una agresión y rabia no expresada e inconsciente; en el horóscopo de otra persona, como símbolo de poder motivador, coraje e iniciativa; en el horóscopo de otra persona, como expresión de jaquecas, erupciones u otras señales somatizadas de tensión interna, ira y estrés, los cuales no han sido tratados, e incluso en el horóscopo de otra persona, como símbolo de un tipo de persona o evento en particular que el individuo posiblemente conoce en el mundo exterior. Todas estas son interpretiones “verdaderas“ y la habilidad de disernir como este símbolo es más probable que sea expresado en cualquier individuo en un momento en particular, se basa en las facultades que no están involucradas en una prueba empírica.

El arte de la astrología además requiere de claridad intelectual; pero igualmente requiere empatía, intuición, imaginación, perspectiva y experiencia. Aún así, una interpretación puede no dar en el blanco, porque el arte nunca garantiza precisión. A lo más, puede garantizar significado y visión.

Muchas personas toman la astrología con la esperanza que simples respuestas serán ofrecidas a preguntas complejas, acerca de la mayoría de los temas de vida. Pero si la persona busca más en profundidad, se vuelve aparente que dichas simples respuestas, no es de lo que se trata la astrología. Por último, aquellos que estudian astrología toda una vida, lo hacen no porque ofrece una reafirmación de la ciencia, sino porque la aman. Y gran parte de ese amor es invocado porque la astrología nunca deja de ofrecer otro set de misterios para explorar y otro set de preguntas sin respuestas para ampliar nuestras mentes y transformar nuestras visiones de la realidad. Quizás esa es una buena definición de arte.

Liz Greene

miércoles, 7 de junio de 2017

Carácter Saturnino

Según Hipócrates, el famoso médico del S. V a.c. el cuerpo humano contiene cuatro humores o sustancias fluidas, básicas: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra. Del equilibrio existente en el cuerpo entre estos cuatro elementos depende la salud. Igualmente, del mayor o menor predominio de una de estas sustancias se derivan los distintos tipos de temperamento que pueden darse entre las personas. Y así, el predominio de la sangre da lugar a tipos sanguíneos, es decir apasionados; el predominio de la flema genera personas flemáticas; de la bilis amarilla, temperamentos coléricos, y si lo que abunda en demasía es la bilis negra la persona adquiere un carácter melancólico.
Sería algo más tarde Aristóteles el que estableció una relación directa entre el temperamento melancólico y una especial predisposición al desarrollo de la sensibilidad y el talento artístico. Pero ya que la bilis negra es un humor peligroso en demasía, igual que daba lugar a estados de extraordinaria creatividad, también provocaba situaciones de fuerte depresión y ansiedad, porque al fin y al cabo, la melancolía es un estado de embriaguez en la propia tristeza. En conclusión y según los pensadores clásicos, los artistas, habrían nacido bajo el signo de Saturno, el planeta de los melancólicos y solitarios, de los soñadores y artistas. Y como tales fueron considerados desde entonces como personas excéntricas, extrañas y singulares porque lo mismo se elevaban a las alturas de la genialidad como rayaban en la locura.
Desde entonces el tratamiento del temperamento artístico ha seguido otros estudios y planteamientos, y así lo que antes se llamaba temperamento melancólico ahora se llama neurótico, pero tanto desde la psicología histórica, como desde el análisis psicoanalítico moderno, al artista en general se le ha seguido considerando un elemento de estudio porque ha seguido manifestando ese mismo temperamento saturnino, mitad genio, mitad loco, que dista tanto del de una persona normal.