La tradición budista tibetana

El aspecto de relación de la razón con la intuición por medio de símbolos se puede observar también en la tradición tibetana, de dónde procede uno de los símbolos de maestría de Reiki, merced a los thangkas.

Los thangkas tibetanos son dibujos o pinturas realizados sobre lienzos de algodón de menos de 1 metro de longitud que representan, por medio de imágenes y colores determinados, conceptos fundamentales dentro del budismo vajrayana.

Estas pinturas, símbolos alegóricos muy representativos,  están destinados a propiciar la meditación, el pensamiento positivo, el pensamiento sanador. La imagen dibujada sobre el thangka no figura en el para ser venerada, está allí para ayudar a la persona que medita en busca del vacío taoísta o el Nirvana budista, en busca pues de la sanación espiritual, física y mental.

El thangka es una especie de “chuleta estudiantil”, un recordatorio de los valores que se desean alcanzar, un símbolo donde concentrarse en espera de respuestas, de conocimiento, sin necesidad de esperarlo de manera consciente. Sus imágenes y colorido no están dispuestos de manera aleatoria, cada color, cada imagen están dispuestos de manera consciente para formar un todo que genere  un estímulo inconsciente determinado.

Cabe destacar que un mismo thangka no desprende el mismo significado o mensaje para dos personas distintas. El simbolismo tibetano es, como hemos dicho, una vía, un medio para llegar a, pero no todas las personas “ven” las cosas “del mismo color”. El aprendizaje energético sienta unas bases iguales para unos desarrollos distintos. Aún de esta manera “todos los caminos conducen a Roma”… Sólo el que siente el vacío que se consigue al llegar al final del camino de retorno es capaz de conocer el significado completo de las cosas. Pero eso, claro, no está al alcance de todos…

En la meditación, los tibetanos siguen las normas aprendidas por sus maestros, que les aportan los conocimientos y energía necesarios para comenzar el retorno.

El budismo no contempla la existencia de las deidades de manera ajena al ser humano, solamente son posibles desde la creencia de uno mismo, aunque es reconocido el poder de las divinidades para asistirnos en el hacer que no podemos realizar solos.

Respecto al valor intrínseco del thangka me quedo con la siguiente reflexión: “Un thangka sólo adquiere importancia durante la ceremonia ritual, cuando sus energías ayudan a concentrarse al que reza y lo trasladan, gracias a sus posibilidades figurativas, a un mundo situado más allá de lo puramente plástico.”

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